...Y la noticia llegó. Llegó en el anochecer de una calurosa tarde de julio. Pero era una noticia ya aceptada. Por ti, por el madridismo y por el Real Madrid. La portería del Santiago Bernabéu se queda sin su guardián de los últimos 16 años. Se queda sin ti, Iker. Sin ese arquero que hizo afición. Por ese portero que levantó a su afición cómo solo los mejores delanteros de la historia blanca han conseguido. Eso eres tú, Iker. Historia. Historia blanca.
¿Qué hubiera sido el Real Madrid sin ti en estos más de tres lustros? ¿Qué hubiera sido sin ti en aquella final de Champions League del 2002 en Glasgow? Parada tras paradas. Milagro tras milagros, te ganaste el apodo del Santo. El Santo del madridismo, que siempre daba un segundo más de esperanza a tu afición. Ay, la afición. Porque todos, TODOS, hemos llorado contigo en cada final. Porque todos, TODOS, hemos sentido cada de esas lágrimas como tuyas. Lágrimas, siempre de felicidad y en tantas ocasiones gracias a ti. Porque solo tú cambiaste el sentido de mirar a una portería. Era una sitio de milagros.
Muchos quieren recordar estos días que nunca fuiste el mejor saliendo a buscar el balón. O que nunca supiste tocar el balón con el pie. A esos que quieren buscar defectos, quizás hay que recordarle que la divinidad no la tiene cualquiera. La divinidad de hacer algo que el resto no puede. Porque, si según ellos sin calidad, has conseguido alzarte como el mejor portero de la historia del equipo más grande del mundo... ¿qué más merito que ese?
Todo se ha acabado en un oscuro anochecer de julio, pero todo empezó a oscurecerse mucho antes. Una noche sevillana. ¿Qué hay más bonito que una noche en la rivera del Guadalquivir? Pues todo se oscureció aquel día. Todo lo oscureció alguien que más quisiera englosar lo que has sido tú para el madridismo. Aunque quizás, ni siquiera ansiara eso porque lo que menos le importaba era oscurecer una historia. Ni siquiera oscurecer al Real Madrid.
A partir de ahí, la afición. Ay, la afición. Aunque prefiero dirigirme a una parte de ella. Me niego a englobar al madridismo en las voces críticas hacia ti. ¿Qué aprendieron de sus padres madridistas para que no les importara demacrar a una leyenda de su club? ¿Qué madridismo corre por las venas de esa gente? Esa gente que sigue a un líder populista y arrollador foráneo que insta a olvidar a la historia. ¿Qué hubiera pasado si ese entrenador hubiera tirado por la borda a otras leyendas en otros clubs? ¿El Olímpico de Roma hubiera apoyado a alguien que renegara de Totti? ¿O el Juventus Stadium con Buffon?
Esa gente pudo más. Esa gente pudo también contigo. Esa gente que iba al fútbol a silbar a un estadio del que tantas veces saliste ovacionado. Coreado. No te merecías este final. Hoy te vas. Se va Iker Casillas. Se va un trozo del escudo. Se va una leyenda del Real Madrid. Se va en el anochecer de un sábado de julio, como hacías anochecer la portería a los delanteros.
Gracias, Iker. Suerte, Capitán.
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